Escritos, Prensa

IDEAL: ‘La memoria es el pulso al olvido’ (3/11/20)

Foto de Pepe Marín para Diario Ideal Granada

El 3 de noviembre de 2020, con motivo del lanzamiento oficial de mi libro de poemas Anacronía (Valparaíso), el periódico IDEAL publicó esta entrevista magníficamente dirigida por José Antonio Muñoz.

«La memoria es el pulso al olvido que da sentido a nuestro paso por la vida»

El poeta granadino Gerardo Rodríguez Salas acaba de publicar ‘Anacronía’, su nuevo poemario, ajuste de cuentas con su pasado que abre la puerta a un feliz porvenir literario.

Gerardo Rodríguez Salas (Granada, 1976) hace saltar por los aires las dimensiones de tiempo y espacio en ‘Anacronía’ (Valparaíso) que llega a las librerías en estos días. Un libro escrito tanto desde el dolor como desde la alegría y la ilusión por lo que la vida pueda depararle.

–Acaba de publicar Anacronía. ¿Qué es el tiempo para un poeta como usted?

–Nadie escapa del tiempo y «su esfera chiflada», como digo en ‘Reloj’, uno de los poemas de Anacronía. Sin embargo, la poesía nos da la oportunidad de pararlo para diseccionar nuestros recuerdos e incluso inventar los que aún no han llegado o los que no fueron. La poesía es un espacio otro, que diría Foucault, marcado por la desubicación temporal y emocional y por verdades que perviven más allá del paso del tiempo. La anacronía campa a sus anchas entre los versos.

–¿El paso del tiempo cura las heridas o las convierte en crónicas?

–Ambas cosas. En mi caso, la muerte de mi hermano en un accidente de moto en 2001 se convirtió en una herida crónica durante años. He necesitado mucho tiempo para dialogar con esta pérdida, tomar la distancia necesaria que me permitiera enfrentar el dolor de la ausencia y transformarlo en luz. Como hiciera Ángeles Mora en sus ‘Ficciones para una autobiografía’, en mis versos he creado una autobiografía ficcional como herramienta de resiliencia y sanación. Teresa Gómez lo explica magistralmente en la maravillosa contracubierta de mi libro cuando dice que ‘Anacronía’ es «un artefacto poético de calculada precisión que pretende desactivar el dolor causado por la ausencia con una herramienta bien afilada: la memoria».

–Su hermano, a quien dedica el libro, ¿se ha convertido en una presencia más que en una ausencia dictada por el olvido, esa piedra que nunca termina de caer?

–’Anacronía’ abre con la dedicatoria a mi hermano Javi, «que nunca cayó del todo», y una cita de ‘Alicia en el país de las maravillas’ que hace alusión a la caída, la imagen central del poemario que sugiere el cuadro de la portada de James Wedge. Todo el que ha perdido a un ser querido me va a comprender: mi hermano nunca se ha ido. El olvido desdibuja algunos detalles, pero también ayuda a limar el dolor y sus aristas. Mientras la piedra no caiga del todo, el recuerdo estará en al aire, volando siempre.

–La nostalgia de lo perdido se manifiesta en ‘Anacronía’ por igual en momentos, personas y lugares. ¿Vivir es mirar hacia delante con un ojo y hacia atrás con otro, sin mirar mucho dónde se pisa?

–Una vez más, Teresa Gómez nos da la clave: «El pasado no es un territorio de nostalgia, sino de catarsis, de reconciliación, un intento desesperado de exorcizar la ausencia». Mi libro es un desafío al tiempo tal y como lo conocemos, de ahí el título de Anacronía y su división en las secciones de «Ayer», «Ausencia» y «Porvenir». Hemos de tener un ojo puesto en el ayer para no olvidar de dónde venimos, y otro en el porvenir para vivir con esperanza. En mis versos estas dos realidades se solapan borrando los límites temporales para que la emoción fluya sin barreras. No debemos mirar mucho dónde pisamos para disfrutar el momento. La poesía vendrá después pues, como diría Wordsworth, nos permite recordar las emociones desde la tranquilidad.

–¿Qué es lo que más daño le hace de este momento que vivimos?

–El dolor de la pérdida ligado al olvido. Los seres queridos que se marcharon en esta situación distópica se han convertido en números sin poder siquiera despedirse de los suyos, aislados y solos. Yo no pude despedirme de mi hermano y así lo reflejo en «Despedida». Ese dolor es más difícil de encajar. Mi libro va dedicado a «quienes habéis perdido a un ser querido y encontráis en mi odisea pequeñas islas de palabras en las que refugiaros durante la tormenta».

–Nueva Zelanda, Granada… ¿Son, cada una de una forma, mucho más que hábitats?

–Sin duda. El viaje que propongo no sólo supone una desubicación temporal, sino también geográfica, pero en forma de cartografía emocional que transforma los lugares en espacios de recuerdo, de sanación. El paseo por lugares de Nueva Zelanda y de Granada se convierte en un ejercicio de memoria histórica de ambas culturas, distantes aparentemente, pero cercanas en unas vivencias que entroncan con la pérdida personal.

–¿A veces le gustaría no tener memoria, o vivir como Alicia, en un espejo donde las emociones solo fueran imágenes que el tiempo diluyera?

–A veces, cuando el dolor es insoportable, todos deseamos perder la memoria, incluso no existir. Pero, sin la caída, Alicia jamás se habría adentrado en el mundo de aventuras que hoy es un clásico en la literatura y en el corazón de los lectores. «El recuerdo es la sombra /torpemente zurcida a los talones», dice uno de mis versos. La memoria es nuestra razón de existir, el pulso al olvido que da sentido a nuestro breve paso por la vida.

Edición en papel del periódico IDEAL

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