Reseñas

‘Verbeia: Revista de Estudios Filológicos’: Reseña ‘Anacronía’ (28/4/21)

El 28 de abril de 2021, en el número 6 de la revista académica Verbeia: Journal of English and Spanish Studies (Revista de Estudios Filológicos), publicada por la Universidad Camilo José Cela (ISSN: 2444-1333, pp. 163-8), se publicó esta reseña, que firma Mónica Velasco Martín.

Anacronía. Poemario que ya desde su título supone conmoción y destiempo. Caída que precipita un viaje de búsqueda y de regreso. Anacronismo, del griego “anachronismós”, se define como ‘error consistente en confundir épocas o situar algo fuera de su época’ (DRAE). Esta anacronía cruza todo el libro, en su permanencia; de su mano, también el desconcierto. Las dos citas queabren el poemario, así como la dedicatoria, nos orientan en sentido descendente en lo físico, pero tambiénhacia el vuelo. El lector, junto al yo lírico, no acabará de caer, pese a todo; el viaje mantiene una promesa a la que habremos de aferrarnos, en untenso juego de dicotomías. Contundentes y claves para la lectura que nos aguarda son los tres poemas iniciales. En la declaración de intenciones que es “Palabras de papel” (14), la voz lírica, el oficio de poeta, busca palabras como piedras despeñándose; “nombrar la mariposa” que sea huida o ensoñación, “palabras que te invoquen”, que huelan, suenen, contengan su sabor. Tres estrofas que son presente, futuro y pasado. Búsqueda sin norte y una segunda persona en los pronombres. Comienza desde el dolor más íntimo, a ciegas, esta búsqueda que será el poemario, esta ansia de encontrar lo tangible que queda.

Pero las letras se hacen humo/ y el fuego quema tanto/ que no sé si la bruja que crepita/ tendrá tu rostro/ o el mío.(14)

El papel se consume entre los dedos. Las letras no sirven y, fuera, ese incendio que es la realidad tiene apariencia de ambos.A partirde este inicio el poemario se divide en tres partes“Ayer”, “Ausencia” y “Porvenir”. Dos citas, de Javier Egea y Juan Carlos Frieberespectivamente, nos dan las coordenadas del primer bloque con tres sustantivos abstractos: “soledad”, “memoria”, “ausencia”. Esa luz extraña que hay en la soledad y en la memoria se abre paso a través de “Luciérnagas”, el primer poema. Cargado de infancia, sonidos de cigarras y arroyos en un lecho de musgo, somos capaces de sentir la noche. Aunque hoy sea ese sonido más tenue, los dos hermanos regresan a ese bote salvavidas que es el ayer, suyo e inquebrantable, a “mirar boquiabiertos el manto de las luces”, a la zaga de la luz más interior.El siguiente poema ya es augurio que precipita la caída. Asistimos a la mejor metáfora de la infancia perdida, que rueda cerro abajo, resquebrajada. Los niños han perdido su juego, el corazón se ha hecho pedazos. Tanta dulzura y frescor, esparcidos por la tierra.

riega la abuela sus sandías/gigantes y rayadas./Con orgullo nos trae la másgrande/y la chutamos,/y rueda y rueda monte abajo (…)/(…) rueda y se ensucia el corazón/de nuestra abuela,/pues es tarde en la cumbre/y abajo sangra el sueño en mil pedazos/dulces y rojos.

Más tarde, ya no queda escapatoria (23). Como en Ulises y las sirenasde John William Waterhouse17, la voz lírica busca un mástil al que aferrarse. El poema recoge el que abre el libro, “Odisea” (13), y asistimos a un mar tempestuoso de flores, de sangre y gasolina, de cirios apagados. Una cicatriz, un casco rojo y un sonido capaz de derretirla cera en sus oídos. Fotograma detenido en el tiempo, sumido en una ensoñación muda e imposible.Después, rutinas diarias llenas de aturdimiento: “ropa dispersa en el terrazo”, “dolor sordo de tus ojos”, “insomnes hilos”, “esferaschifladas” de un tiempo sin rumbo, relojes y memoria desorientados. La banda sonora, un saxo, guitarra, Bon Jovi, “maullidos de estrellas”. “Frenazo en seco”. Cierra el primer bloque el poema “Despedida” (32) y se escucha aún el corazón temblando en el oído. Después, imágenes yuxtapuestas sin sonido descifrable y precipicio.Con el segundo bloque, titulado “Ausencia”, el yo poético inicia su viaje de búsqueda. Escuchamos el motor de un avión hacia la bruma. Rodríguez Salas nos da las coordenadas de esta cartografía neozelandesa en la cual, como el autor explica en Cartografías, al final del poemario, “los poemas dialogan con obras literarias, artísticas o musicales de dicha cultura” (81). Como un mapa mal doblado sobre el desorden de una mesa, tiempo y espacio se curvan y suceden. No hay entonces pasado, ni futuro ni presente de los cuales salir indemnes. El poeta escoge tres citas, de Katherine Mansfield, Shelina Tusitala Marshy Janet Frame, que nos asoman a lo imprevisible del viaje y al tiempo como una percepción. Todo episodio presente se engarza con un recuerdo en un discurso continuo entre realidad y literatura. Ya desde el poema que abre la sección, “Aotearoa” (39), nombre mahorí de Nueva Zelanda, la voz lírica conoce la respuesta a su pregunta: “viniste a este lado de la bruma buscando el infinito.” Humo, niebla, polvo, como esta “tierra de la larga nube blanca” que es ahora su punto de inflexión, son motivos espaciales y simbólicosa lo largo del poemario. Ya Unamuno nos avisaba “la vida es esto, la niebla”.18En esta incertidumbre nos hallamos sus lectores, igualmente sostenidos por una leve esperanza que no acaba de soltarnos al vacío. Y, sin embargo, son constantes las imágenes de caída. Como Alice in Wonderland desde la primera cita del poemario, se sigue hundiendo, ahogando en nuestra memoria fotográfica, el piano atado al tobillo de Ada McGrath (protagonista de El piano19). Esta recompensa con fotogramas del film ahonda en la misma humedad del alma, el mismo hueco o la misma mutilación. De nuevo, discurso ininterrumpido entre arte y realidad.

Son los de todo el libro poemas breves y contundentes. Tensos en sulirismo.

“Estoy aquí,/mazacote de bronce/rodeado de gente/que me soslaya,/de edificios modernos/que engulleron mi tribu/y mi pasado (…)/acepto mi derrota(…)/pese a mi cuerpo,/pese al dolor opaco.”De “Guerrero mahorí” (44)

Abundan las sinestesiasasí como las imágenes que nos refieren continuamente a los sentidos: sollozo de “ballenas pulidas por la luna”, liras lejanas, “olor a sangre que inunda el cuadro” (54). Se van adentrando profundamente, igual que un perfume nos va calando,y continúa la caída. “El descenso es mi rumbo”, vuelve a decir Alicia en el poema del mismo nombre (54).

Como continuas son también a lo largo del poemario las anáforas y otras figuras de repetición que consiguen, a modo de mantra, crear un estado de meditación que avanzaa lo largo de todo el poemario y, así, en “He Wawata” (canción tradicional maorí) todo el canto elegíaco rompe, al fin, en este primer verso en el término “esperanza”.que las olas furiosaste arrastren hacia mí,que se cumpla mi anheloy regreses a casa. (57)Esperanza que cabe en el condicional de la última estrofa de este bloque “Habrá más horizontes/ si redobla mi pecho” (58).En el último bloque, “Porvenir”, sabemos del regreso. Los versos nos adentran en rincones de la ciudad de Granada. Dos citas, de Teresa Gómez y Ángeles Mora, nos avisan de la humedad futura y del viaje interior que se sucede. Lugares secretos, tatuajes y susurros. Huecos, escisiones, desbordamientos.La ciudad es paisaje del alma. Luces y sombras en el caminopor estas soledades y arrullos de un agua incontenible. Bajo el asfalto suena el Darro, “desbordado de lluvia y de memoria”, “torrente en blanco y negro” (68). Lugares místicos, temblor de tierras, huecos y cantos nocturnos de una historia. Sin “diques que contengan el ayer” (74), sin saltos capaces, ni rocas… la voz lírica es “gota del río cristalino” que abraza la ciudad y la piedra se horada como está el alma.Delicadísimos son los versos de “Sala de los secretos” (71). Entre las calles, plazas y edificaciones de la ciudad, en los sótanos de la Sala de Dos Hermanas del recinto de la Alhambra, como aquella mariposa del principio, revolotean las palabras dichas un día entre los ladrillos y regresa la voz que no se irá nunca “desde el sótano inverso del planeta”. Este viaje por los entresijos interiores termina con el poema “Nunca” (79). Metáforas visionarias del olvido, “piedra que no termina nunca de caer”. La cita de L. García Montero, sostenidos aún de las poleas en la gruta de Waitomo, nos devuelve en el abismo al fulgor de sus luciérnagas. Suficiente combustible será hasta el alba.

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