Reseñas

‘Estudios humanísticos. Filología’. Reseña de ‘Anacronía’ (20/12/21)

El 20 de diciembre de 2021, en el número 46 de la revista académica Estudios Humanísticos. Filología, publicada por la Universidad de León (ISSN: 0213-1382, pp. 213-216), se publicó esta resena que firma Jacobo Llamas Martínez.

G. Rodríguez Salas, Anacronía, Granada, Valparaíso Ediciones, 2020, 88 págs.

La muerte, el amor o el afecto y el paso del tiempo son anacronías de cualquier realidad humana por intemporales, y del presente por cómo tratan de negarse, de solaparse en la vorágine actual, o de rentabilizarse como objetos de consumo en forma de costosos tanatorios y flores, de agasajos y de cremas, cirugías y elixires de sempiterna juventud. Pero el primer libro de poemas del crítico, escritor —ahora también poeta— y profesor de Literatura Inglesa en la Universidad de Granada, Gerardo Rodríguez Salas (1976), devuelve a la muerte y al afecto y dolor humanos la esencia atemporal y primigenia que las modernas sociedades occidentales destierran o capitalizan, con destellos de una belleza y agudeza o extrañamiento propios de los muchos referentes literarios citados en el poemario. Repárese, por ejemplo, en la resemantización de la historia de las sirenas, del famoso canto XII de la Odisea, y del mito de Ícaro («la cera») en la composición siguiente:

SIRENAS
No conseguí decir que estabas muerto. […]
Te anunciaron sirenas
[…]
Nada hacia la ambulancia nuestra madre sin salvavidas,
se derrite la cera en sus oídos.

Aquella tarde rueda en mi cabeza, […]

No conseguí decir que estabas muerto. (pág. 23)

La muerte indecible o inefable es la del hermano del autor, a quien se dedica el libro al comienzo y se le agradece en las líneas finales: «A mi hermano Javi, que nunca cayó del todo»; «Y tú, Javi, me mostraste la cara oculta del mapa» (pág. 88). Quien «cayó del todo» y transitó los espacios velados de los mapas es el poeta, Gerardo Salas, para el que la escritura del poemario constituye una catarsis terapéutica con la que trata de superar el fallecimiento y de continuar viviendo con su recuerdo. Las composiciones de Anacronía pueden leerse así como un proceso de duelo o como una elegía en tres partes («I. Ayer», «II. Ausencia», «III. Porvenir») con otros tantos poemas proemiales: «Odisea» (el poema del ayer y de la reflexión moral), «Palabras de papel» (el de la

ausencia y el lamento) y «Lobo» (el del porvenir y el consuelo). Quien esto escribe se queda o prefiere los versos de la primera parte, la del «ayer», que evoca estampas de la vida de Javi, su muerte y el duelo subsiguiente, por la intensidad emocional y los ecos mitológicos, vanguardistas e irracionalistas de las composiciones:

SANDÍA
En lo alto del cerro
riega la abuela sus sandías gigantes y rayadas.
Con orgullo nos trae la más grande y la chutamos,
y rueda y rueda monte abajo
y rueda y rueda sin parar,
Rueda y se ensucia el corazón
de nuestra abuela,
[…]

LEJÍA
[…]
arrugados los dos como la ropa dispersa en el terrazo.

214

DESPEDIDA […]

No supe despedirme pues hay minutos que destiñen la ropa […]

te veo cada noche en la camilla
que lanzo al precipicio. (págs. 22, 24 y 32)

Los apartados dos y tres, «II. Ausencia» y «III. Porvenir», son sustanciales para la catarsis vital y literaria del hablante lírico, en este caso el mismo poeta, e introducen un cambio de tono y de estilo, en especial el segundo, que rememora la estancia del autor en Nueva Zelanda, adonde viajó el verano de 2002 para asumir «la anacronía que es la ausencia» (pág. 87). Esa distancia temporal y geográfica con respecto a la fecha y el lugar de la muerte de su hermano Javi (octubre de 2001 y ¿la ciudad o provincia de Granada?), así como el asombro y la fascinación antropológica que supone para el escritor el descubrimiento de la cultura maorí, tiene un correlato en los versos, menos emotivos, más reflexivos, pero también más prosaicos, que los del primer apartado:

AOTEAROA […]

Aterriza el avión entre algodones urdiendo briznas cada vez más densas. La tierra de la larga nube blanca aguarda mi visita y me pregunto
si viniste a este lado de la bruma buscando el infinito (pág. 39)

La tercera parte constituye una síntesis entre la primera y la segunda. El recorrido por las calles de Granada traza un nuevo itinerario histórico, geográfico y cultural, pero la realidad de la ciudad vivida y compartida en el pasado con su hermano hace más presente su figura para el poeta; si bien el dolor y el sufrimiento por la pérdida se atenúa y deja paso a una estoica o panteísta resignación consoladora:

ESCALERA DE AGUA […]

No bajo los peldaños, no lloro por tu ausencia, pues soy gota del río cristalino
que, fundida en tus dedos, abraza la ciudad.

SEMÁFORO […]

el viaje nunca acaba
porque nunca te fuiste. (págs. 74 y 75)

Los poemas son, en general, de gran irregularidad métrica por lo que tienden al prosaísmo; con todo, llama la atención el contraste entre el predominio del verso de arte menor y la introspección y el desazonado sentimiento de pérdida. Esta singularidad confiere un peculiar ritmo conjunto al libro y funda el otro gran acierto expresivo del poemario, más allá de los ecos vanguardistas e irracionalistas señalados: la reiteración y rápida sucesión de los leitmotiv fundamentales de los versos, el viaje y la huida (asociado al personaje de Ulises), el vuelo (con guiños al mito de Dédalo e Ícaro), la caída (un nuevo eco de la historia de Ícaro y quizá también de la de Faetón), la rueda o el rodar hacia abajo (podría interpretarse como una alusión a la piedra y padecimientos de Sísifo) y la ausencia. Estas iteraciones guardan similitudes estructurales y conceptuales con los estribillos o figuras de repetición de villancicos y cancioncillas tradicionales, y sugieren un ritmo de treno o salmodia fúnebre.

Volviendo al comienzo del libro y de esta reseña, la anacronía propuesta por Gerardo Rodríguez Salas gira, pues, en torno al duelo íntimo y personal por la sorpresiva pérdida de un ser querido, la de su hermano Javi. Esa aflicción y la fecunda intertextualidad de los versos sugieren además un lamento por el devenir de la civilización actual, en la que la muerte, el dolor y la emoción se quieren convertir en sensiblería comercial o en realidades anacrónicas de la humanidad. Esta cartografía vital, geográfica y literaria de Anacronía recuerda, en cierto modo, a la de otros poemarios actuales como Atlas de Alba Cid, Premio Nacional de Poesía Joven «Miguel Hernández» del año 2020, en el que el asombro ante el descubrimiento de realidades recónditas estimula la curiosidad intelectual, la introspección y el deseo de aferrarse o encontrar un asidero emocional, espacial y temporal en culturas ancestrales y en el mito, y de alejarse, de paso, de la intangibilidad electrónica, muy propia de la Modernidad Líquida propugnada por Zygmunt Bauman.

Por último, no debe obviarse el elegante diseño de la colección Valparaíso de Poesía en la que se publica Anacronía ni la acertadísima imagen de la cubierta, perteneciente a la serie Falling Man de James Wedge, para ilustrar un poemario sobre un accidente de moto que causa la muerte de un hombre y precipita al vacío a su familia, y en particular al hermano escritor del difunto y autor del libro, Gerardo Rodríguez Salas.

Jacobo Llamas Martínez

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