El filo del alfabeto

‘La página de los libros’ (Ideal). ÁNGELO NÉSTORE (29/4/23)

Criaturas maleables y ocultas

DESEO DE SER ÁRBOL

Ángelo Néstore. Barcelona, Espasa, 2022

Ángelo Néstore vuelve a entender la poesía como un acto de reparación para las identidades queer. Como aclara Sara Torres en su prólogo, el deseo adulto indaga en la herida del niño y el amor perdido de las infancias queer. Néstore se suma al espíritu revolucionario del lenguaje poético de Julia Kristeva, adentrándose en el orden semiótico: un espacio de alteridad heterogénea y radical asociado a la maternidad, la corporeidad, la porosidad conceptual, la identidad de un sujeto en proceso. En ese espacio, como concluye Torres, resurge con fuerza «la erótica radical de un niño cuyo mayor deseo es distinguirse del padre y llegar algún día a ser madre».

            En los primeros poemas la herida se vincula a la huella y la maternidad como radical alteridad: «nacer también abre/un surco en un cuerpo ajeno». Este sujeto queer se rebela contra la herencia y, frente a las expectativas de asociación con el cuerpo del padre, se pregunta: «¿por qué no se ha ordenado como el tuyo, madre?» al percibirse como «algo maleable» cercano a lo animal, «este alarido». A pesar de percibir la traición de la madre, un eslabón más en la perpetuación de la masculinidad hegemónica del hijo, fuera del orden maternal y fluido «todo es pérdida,/todo es hambre». Este sujeto confunde el vientre de la madre con el suyo.

            La imaginería religiosa trufa esta apuesta poética, como en las anteriores, y este cuerpo queer «exánime» y «blando»—continuamente animalizado; peces, perros, monstruo—se torna en cuerpo eucarístico que se ofrece al padre, no como ritual de salvación, sino como un mero acto de canibalismo patriarcal frente al que se subleva. La voz poética se alza frente a la herencia familiar—la casa como un «cuerpo inmenso»—y, aunque se siente prisionera—«nunca he podido abrir la puerta»—su nuez y la masculinidad que conlleva cae al suelo «a oscuras,/donde nadie la ve» y su palabra «desnuda y retorcida/se alza como una primavera». Incluso transforma la masculinidad de su abuelo: cigarrillos y ceniza dan paso a flores y polen.  

            Este sujeto en proceso abraza su vulnerabilidad. De hecho, la hace parte de su radical propuesta, como dice Rosa Berbel. El niño que observaba a otros niños jugar tras la ventana y que imaginaba cómo usaban su cabeza como pelota hace de los deseos nuevas visiones. Y así, en la última parte, desea la sed, ser árbol, ser perro y los peces, expuestos como trofeos, anhelan besos, como él los de su padre.

            Néstore da visibilidad a las «criaturas maleables y ocultas» y, junto a todas las criaturas queer sistemáticamente invisibilizadas, deseamos ser árboles en un nuevo jardín lejos de serpientes y manzanas. El jardín de otro, ése que no invadimos, ése en el que persistimos.

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