El filo del alfabeto

‘La página de los libros’ (Ideal). CARLOS ASENSIO (1/7/23)

Cráteres y flores

ASTROBLEMA

Carlos Asensio. Sevilla, Isla de Siltolá, 2022

Los versos de Carlos Asensio, al igual que sus silencios, impactan como meteoritos dejándonos una enorme cicatriz invisible, como el astroblema del título. A través de un diálogo sostenido con Vicente Huidobro, Asensio nos ubica justo antes del colapso del meteorito para, tras el «caos del impacto»—título de la primera parte—contemplar en primera fila el «fin del mundo conocido»—título de la segunda parte.

            Los poemas, sin título, se entrelazan orgánicamente como pequeños pero potentes cráteres que van ahuecando nuestra piel. Sobre todo, la primera parte está marcada por un tono esotérico y asertivo que nos interpela como si se tratara de una voz profética y sentenciadora: «¡Atiende!»; «¿Por qué os reís?/Se acerca el trueno»; «un cuerpo celeste/desgarra la atmósfera/y/se precipita hacia/vosotros». Hacia nosotros, los seres humanos que, en ese momento ante la catástrofe, nos sentamos en círculo y nos cogemos de las manos.

            Y, sin embargo, Asensio tiene la destreza de no sucumbir al tono apocalíptico ni al romanticismo de la especie. Sus versos celebran el fin de una era y, a pesar de recrearse en la destrucción, anticipan un nuevo comienzo. Los humanos «suplicamos» y «cantamos» el desastre y la nueva era se anticipa con las referencias iniciales a la alquimia y la hechicería.

            En este territorio cicatricial del que debemos desapegarnos porque «ya no existe», se celebra «la carne», «la fragilidad del cráter» que nos permite «manipular la superficie del barro/hasta hallar la sangre». Estos cuerpos arden con la «celebración suprema/del derrumbe/de la civilización», que siempre estuvo condenada al abismo. Sin embargo, hay una tendencia natural a escribir, a dejar constancia a pesar de que todo se derrumba. Ésa es la pulsión de la segunda parte, que trata de aferrarse al recuerdo y la evidencia del colapso trazando un mapa. «El pulso de una nueva era» late con fuerza y también la certeza de los cuerpos contra otros cuerpos, que abrazan «el fruto/de tu transformación».

            A pesar de que el final se recrea en «la ineptitud de tu especie» y «la tumba de los calcinados por el meteoro», la estructura cíclica regresa al nacimiento de la estrella «que ha atravesado océanos de materia oscura para encontrarte». Frente a las preguntas retóricas que sugieren la ineficacia de la palabra en un mundo post-apocalíptico, son precisamente estos versos los que arrojan luz con una nueva promesa. Tal vez el impacto del meteorito sea un abrazo. Tal vez el ciprés cante más fuerte que nunca al fin de la vida. Tal vez, como la abuela del autor, podamos sembrar en el cráter nuevas flores de todos los colores.

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