Mojada todavía
PUZLES LÍQUIDOS
Trinidad Gan. Granada, Sonámbulos, 2022
Zygmunt Bauman habló de sociedad líquida, amor líquido o tiempos líquidos para describir nuestro momento histórico actual en el que las verdades y los sólidos valores de generaciones anteriores han dado lugar al mundo precario y sin anclajes de la sociedad del minuto. En su nuevo poemario, Trinidad Gan nos adentra en sus peculiares «puzles líquidos» para atraparnos en «teselas para el insomnio»—título de su revelador prólogo—donde nos pregunta sin rodeos: «¿Qué somos hoy? ¿Cuál es nuestra identidad, esa que creíamos tan firme?»
Las quince piezas que componen este puzle—gestadas en 2012 para un ciclo de encuentros interdisciplinares—se diluyen en la fluidez anteriormente mencionada, marcadas por un sentir fragmentario a caballo entre el verso y la prosa, con un lenguaje de «respiración y aliento más libres» que los permitidos por los «cauces métricos» a los que la autora estaba acostumbrada.
Estos poemas en prosa—con títulos entre paréntesis—ofrecen escenas cotidianas horadadas por un onírico surrealismo, a su vez marcado por recurrentes imágenes líquidas que desvelan el precario estado existencial de la voz poética. En la primera pieza, titulada «(Despertar)», una mujer despierta de madrugada a una «geografía húmeda» que no reconoce, un «lienzo acuoso» de la piel donde, al desdibujar su rostro, descubre una nueva identidad oculta bajo el agua.
Aunque, en consonancia con el pensamiento de Bauman, el paisaje urbano «se disgrega en múltiples gotas» y el suelo es líquido debido a las «calles mojadas por la prisa/y la aparente indiferencia de los otros», aunque el resultado es un puzle donde las piezas «no encajan», la poesía, como nos dice Gan en su prólogo, se convierte en una «tabla para los naufragios … en este universo líquido y herido». El lenguaje puede resultar igualmente líquido—«gotean letras» en «un charco de signos sobre el suelo»—y puede dar la sensación de que «las páginas quedan disueltas en blanco», por lo que la voz poética grita desesperada: «¿Alguien podrá verme, ahora, bajo el agua?».
Pero, frente a este amor líquido que parece naufragar, como sugiere el poema «(Amor es oleaje)», la mujer de estos versos cambia de piel como una serpiente y explora su cuerpo y su deseo, como se desprende del sugerente onanismo en «(Accidente doméstico)». Gracias al poder de su (líquida) palabra parece rescatar sus recuerdos «como grumos de aceite que no ha logrado disolver el tiempo» y, aunque ella misma es un puzle líquido que se deshace al tocarlo, gracias a su ahora líquida piel de fuego y su sangre de río candente, logra escapar de la ahogada que la mira con sus ojos.
Regresa, pues, viva de este viaje, con una nueva y extraña piel, «mojada todavía».
