‘Esta selección de la Asociación de Editores de Poesía no es un ejercicio arbitrario de gusto, sino un acto de responsabilidad cultural (…). Son libros que no se leen: se habitan, se respiran, se padecen y se celebran. Mapas para los perdidos, brújulas para los desorientados, refugios para los que aún creen que la poesía puede salvar algo, aunque solo sea el preciso instante en que nuestros ojos se encuentran con las palabras justas en el momento exacto’.




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